Algunos piensan que el piano de Bola de Nieve todavía se escucha por las noches cuando cierra el restaurante Monseigneur del Vedado habanero.
Uno de ellos es Carlos Varela que canta: “Y cuando cierran el «Monseñor» / Dicen que pasa algo raro / Por las paredes se oye una voz / Y tocan solas las teclas del piano”.
Podría ser. Porque pese a no constituir uno de sus grandes escenarios, el restaurante de 21 y O fue una especie de guarida íntima del piano-man.
Pero una guarida compartida, porque allí creó su programa “Chez Bola” gracias al cual actuaron en el lugar muchos renombrados músicos cubanos.
El restaurante se inauguró en diciembre de 1957 inspirado en otro de nombre similar en París y se convirtió en centro de la intelectualidad de ese momento.
Luego cerró y en 1964 fue re-inaugurado con el Bola como principal atracción, quien le dio un toque de distinción.
Se afirma que la vajilla y otros aspectos del decorado y hasta las alfombras fueron aportados o supervisados por el músico.
Bola de Nieve es considerado uno de los más destacados intérpretes de música afrocubana. Pero también realizó inolvidables interpretaciones de piezas internacionales en español, inglés, francés e italiano al estilo de los «chancioner» franceses.
Prueba de esto último son sus versiones de Be Careful It’s My Heart, de Irving Berlin, Monastero di Santa Chiara, de Michele Galdieri y Alberto Barberis o La Vie en Rose de la inmortal Édith Piaf.
Y quien sabe en otras fechas…
Con solo escuchar alguna de esas canciones, u otras, es fácil aceptar que las paredes del Monseigneur no las hayan olvidado.
Y para ese estilo el local instalado en un sótano brindaba un ambiente de complicidad ideal.
Bola de Nieve fue un apelativo que le endilgó Rita Montaner, otra grande de la música cubana. Pero la impertinencia se convirtió en el nombre artístico de Ignacio Jacinto Villa Fernández , nacido en Guanabacoa, Cuba, en 1911.
Su capacidad interpretativa en el piano -y la musicalidad de una voz que parecia hecha para cualquier otra cosa menos para cantar- se impuso a su condición de negro humilde homosexual.
Cuando falleció en México en 1971 Bola de Nieve ya era una figura internacional, un piano-man bien recibido en las plazas más exigentes.
Sin embargo, el Monseigneur ya nunca más pudo recuperar su esplendor. Quizás siga esperando que se cumpla la despedida-profecía del Bola en su escenario:
«Y así les digo / buenas noches, buenas tardes / o buenos días / y con mucho gusto / estuve con ustedes hoy / y quien sabe en otras fechas / vuelva a estar y con el mismo gusto.»
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