La música pudiera ser un aliado inesperado para los científicos en la búsqueda de una solución a la pandemia de coronavirus.
Es sabido que la música, cantada desde los balcones o escuchada en la soledad de la cuarentena, alivia las penas del 2020.
Pero ahora un informe de la revista Science (con el respaldo del Centro Pulitzer) revela que los científicos idearon una forma de convertir en música la estructura de su proteína.
A primera vista para un neófito pudiera resultar un gasto de tiempo o un ejercicio innecesario de los científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts
Pero el hecho de que una institución de ese renombre dedique tiempo a la iniciativa obliga a pensar un poco en ese tema.
Según los científicos, los sonidos representan diferentes aspectos de la proteína similar a una espiga que sobresale de la superficie del virus.
La partitura del coronavirus
Ella es la que ayuda a que se adhiera a las células desprevenidas.
Como todas las proteínas, los picos están hechos de combinaciones de aminoácidos.
Usando una nueva técnica llamada “sonificación” (sonification), los científicos asignaron a cada aminoácido una nota en una escala musical.
El resultado fue una partitura musical preliminar.
Pero como los aminoácidos tienden a enrollarse en una hélice o estirarse en una hoja los investigadores interpretaron esas características alterando la duración y el volumen de las notas.
Las vibraciones moleculares debidas al calor también obtienen sus propios sonidos.
Koto, violonchelo, violín, flauta y bajo.
Según los creadores de este método ell nuevo formato puede ayudar a los científicos a encontrar sitios en la proteína donde los anticuerpos o medicamentos puedan unirse.
¿Cómo?. Pues afirman que buscando secuencias musicales específicas que correspondan a estos sitios.
Esto, dicen los investigadores, es más rápido y más intuitivo que los métodos convencionales utilizados para estudiar proteínas.
Agregan que al comparar la secuencia musical de la proteína espiga con una gran base de datos de otras proteínas “sonificadas”, podría ser posible encontrar una que pueda adherirse a la espiga. Ello evitaría, que el virus infecte una célula.
Los instrumentos, según el reporte de Science, fueron elección de los investigadores.
En este caso, un koto japonés toca las notas principales. También se escucha violonchelo, violín, flauta y bajo.
Música del coronavirus ¿Sonidos relajantes?
Uno de los científicos a cargo, Markus J. Buehler, jefe del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) afirma que:
“Si bien no podemos ver pequeños objetos nanoscópicos como proteínas u otras moléculas que componen prácticamente toda la materia viva, incluidas nuestras células, tejidos y patógenos como los virus, nuestro algoritmo computacional nos permite hacer que su manifestación material sea audible.
Esta pieza es una representación musical de la secuencia de aminoácidos y la estructura de la proteína espiga del patógeno de COVID-19, 2019-nCoV (identificador de banco de datos de proteínas 6VSB)”.
La nota de Science dice que se trata de “sonidos relajantes que pueden brindar algo de consuelo en un momento de problemas”.
Sin embargo para el equipo de MusicAdictus resulta un sonido estremecedor que no da mucho consuelo.
¿Y usted qué opina?
MusicAdictus / Foto: European Centre for Disease Prevention and Control